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Hinterhof by Paul Ekaitz

Exhibition October 19th - November 12th 2005

Considering that one of the ways to know yourself is through comprehending the place where you are, one of the methods to present oneself consists of showing the place where you live. The field where personal relationships get established or the continent where the closest emotions get trapped. According to the meaning that a place may have to someone, this will be represented in one or another way. So, if what we see is an image of a space filled with any kind of material, it is not difficult to imagine that in that same space a life takes place. On the contrary, if what you show are empty spaces or walls without any trace, is not difficult to imagine that what is getting concentrated in that place is what is not there anymore. Those experiences which took place where no one else is anymore, remain empty and without any other life but the one that beats in the memory. From the one who was there while the space was still breathing.

Without trying to recapitulate, what Paul Ekaitz shows in an exhibition, which will take place in March in a Barcelona Gallery, is a 3 dimensional journey trough a place where he already was, although what would be more fair to say is that his proposal is a symbolic and chromatic approximation to what he experienced within the walls of these places: small and narrow places, visible or invisible contemplating us from above; spaces of intense colour in the function of the relationship that he held with its occupants, a space as a container of the spaces he got to know, places where he walked through and the loss that they represent.

Summoning the viewers to contemplate a space either from above through its entries or inviting them to look around its inside, Paul Ekaitz doesn't only speak about the space but also about the meaning this has to him when he finds himself within its limits: a place of transit and communication for the development of memories built over the base of diversity. Except for only one significant detail: none of them has either doors or windows.

Considering that one of the ways to know yourself is through comprehending the place where you are, a place without furniture and wide open, it points to the character of who is representing it. Without prejudices. Under any of its angles. Searching for the light that its occupants sometimes offer.

Frederic Montonês © 2005

Considerando que uno de los modos de conocerse a uno mismo pasa por comprender el lugar dónde se está, uno de los vehículos para darse a conocer consiste en mostrar el espacio que se habita, el ámbito donde se establecen las relaciones personales o el continente donde se aprisionan las emociones más cercanas. En función del significado que para cualquiera tenga un lugar, éste va a ser representado de un modo o de otro. Así, si lo que vemos es una imagen de un espacio repleto de cualquier tipo de material no es difícil imaginar que en aquel lugar transcurre una vida. Si por el contrario lo que se muestra son espacios vacíos o paredes sin rastro, no es difícil imaginar que lo que allí se concentra es lo que ha dejado de estar. Aquello que habiendo vivido donde ahora no hay nadie, permanece vacío y sin otra vida que la que late en el recuerdo. De aquel que estuvo allí mientras el espacio respiraba.

Lo que sin ánimo de recapitular muestra Paul Ekaitz en la exposición que tiene en marzo en una galería de Barcelona es un viaje a tres bandas por un lugar donde estuvo. Aunque quizá lo que sería más justo sería decir que lo que propone es una aproximación simbólica y cromática a cuanto le sucedió entre las paredes de estos espacios: lugares pequeños y angostos, visibles o invisibles contemplándonos desde las alturas, espacios de intenso color en función de la relación que mantuvo con sus ocupantes, un espacio como contenedor de los espacios que conoció, los lugares que transitó y la pérdida que representan.

Convocando al espectador a contemplar un espacio bien a vuelo de pájaro, a través de sus entrañas o invitándolo a recorrer su interior, Paul Ekaitz no sólo habla del espacio sino del significado que para él adquiere cuando se halla entre sus límites: un lugar de tránsito y de comunicación para la gestación de recuerdos construidos sobre la base de la diversidad. Salvo en un sólo y significativo detalle: ninguno de ellos tiene puertas ni ventanas.

Considerando que uno de los modos de conocerse a uno mismo pasa por comprender el lugar dónde se está, un lugar sin muebles y abierto a los cuatro vientos denota el carácter de quien lo representa. Sin prejuicios. Desde cualquiera de sus esquinas. A la búsqueda de la luz que a veces brindan sus habitantes.

Frederic Montonês © 2005